Autor: Bryan Mora

 

El deporte nace del juego. Hay que conocer el juego, la esencia que encierra su contexto particular, las necesidades específicas que ahí enfrentan los jugadores desde sus diferentes puestos, su red de relaciones, socio estructuras y la especificidad del MODELO DE JUEGO (MDJ).  Aclaro, conocer el juego es muy distinto a conocer el deporte. En este caso haré referencia al fútbol.

El MDJ se construye a partir de los jugadores y de las relaciones emergentes entre ellos, si no hay jugadores lo que se tendría es una idea de juego y un MDJ puede contemplar varios sistemas de juego. El modelo no es la suma de los elementos con los que cuenta el entrenador, es la forma particular en que él decide ponerlos en interacción para conseguir ganar el juego. El MDJ está en constante construcción y evolución por múltiples factores (la presencia ausencia de uno o varios jugadores, por los resultados, pero también por el club, por su historia y hasta por su cultura organizacional). El MDJ es la brújula que dirige el proceso de entrenamiento. Por tanto, se concluye que la preparación física, táctica-técnica debe estar dirigida específicamente a la construcción del MDJ, la preparación psicológica no tendría que ser la excepción… pero en la tendencia parece que lo es.

¡No se extrañe!, tiene razón, muy poco se lee y se conversa sobre este tema que como vemos no es para nada marginal, ni mucho menos ajeno a nuestra intervención. Es más, parece algo lejano “que le corresponde al entrenador y a su equipo” pero los psicólogos ¿no somos parte de él? o ¿no reclamamos ese lugar con tanto esmero? Parece no tomarse tanto en cuenta, aspectos relacionados al modelo de juego que se construye a través de (¡Sí!) los mismos jugadores que entrenamos psicológicamente.

En ocasiones se percibe más interés en que el atleta conozca las variables psicológicas y aprenda a autorregularlas, (asociando la aplicación de estas prácticamente al éxito deportivo) que a la relación que pueden tener estas en la comprensión y aplicación del MDJ. En mi opinión, la autorregulación tiene lugar como medio, no como fin. Uno de los fines para mí sería la adaptabilidad en lugar de la autorregulación, aunque entre ambos haya relación, el primero está al servicio de la actividad realizada y el segundo de un estado.

Hasta el momento no se conoce a un monje budista que juegue al fútbol profesionalmente. El fútbol no es deporte de acción sino de interacción, con sus compañeros, rivales, balón y espacio. Se solicita conocer declarativa y procedimentalmente su rol según el MDJ de su equipo, la estrategia operativa y en alguno de los 4 momentos del juego.

El futbolista tiene que tomar decisiones y solucionar problemas individual y colectivamente, corriendo y en muchas ocasiones a media o alta intensidad hasta casi 21 Km/h, en presencia de fatiga y súmele si se quiere, la presencia de un rival que busca conseguir lo opuesto que él-ellos. Y sí, todo corriendo.

Se entrena mucho la variable psicológica y poco el juego, me incomodó escuchar eso. El equipo y el jugador son sistemas complejos, sensibles a condiciones iniciales, que operan muchas veces lejos de la homeostasis, donde la incertidumbre del juego condiciona jugador  pero que el jugador también condiciona el juego, todo ello en entorno que cambia sutil o bruscamente durante 95 minutos aproximadamente.

El futbolista no se acuerda muchas veces de los conceptos o técnicas psicológicas y en ocasiones hasta ni las del propio entrenador (salvo situaciones cerradas como la táctica fija) no porque no quiera, sino porque el contexto no le da tiempo.Afortunadamente, porque procesar toda esa información creo que es suficiente. Lo que realiza sumamente veloz es una reinterpretación de lo entrenado y moviliza recursos según ese momento y ese lugar para dar una solución primero correcta y luego rápida ante lo presentado, casi inconscientemente por elevados procesos perceptivos. No hay ni tampoco se recomienda mucho tiempo para pensar.

No debemos caer en la trampa de analizar el deporte desde la lógica determinista que ha llevado a dar explicaciones simplistas, que aún pudiendo ser correctas, sólo forman parte de un todo. La causalidad en el deporte es no lineal, interviene más factores internos, como el aspecto condicional, el táctico y el técnico así como otros externos menos controlables. Un entrenador me decía “no se gana o se pierde sólo por una cosa”. Hasta hoy no le falta razón. Este análisis al que estamos llamados es un maravilloso problema, donde una (no única) excelente excusa para analizar de manera global el Fútbol e intervenir sobre él, es mediante el modelo de juego.